EDUCACION, EDUCACION, EDUCACION

5th
Mar. × ’11

Desde hace semanas el tema central del debate nacional ha sido la minería. Y con razón. Al final seguimos “volviendonos locos” con un gobierno que actua sin consultar para después derogar. Primero se hace la ley (a lo escondido, de madrugada, a lo oscuro), luego pretenden consultar y ante el panorama producto de su inconsulta acción proceden a derogar la ley. No es la primera vez y sinceramente creo que tampoco será la última. Pero así marcha Panamá, entre tumbos y tumbes.

No obstante, existe un tema que no esta recibiendo la atención que merece: la educación. El inicio de clases fue el pasado 28 y según las declaraciones de la Ministra “Nunca vamos a estar listos”. Se agradece la honestidad en sus declaraciones, pero también denota la falta de control de la gestión. Un buen gestor trabaja sobre objetivos y resultados y antes de establecerlos tiene que valorar con qué cuenta.

Sin embargo, no vamos a valorar de forma rígida la gestión actual pues el atraso que tenemos en educación no es producto de un año de gestión de un gobierno sino de un lastre generacional que debe ser, cuanto antes, atendido con la importancia que merece.

¿Qué han hecho China, Singapur, Finlandia para estar en la cresta de la ola?. Primero, empezaron por dejar de mirarse el ombligo. Tenemos que empezar a mirar fuera, incluso, si no queremos ir tan lejos podemos mirar a Brasil y Chile ( pues lo están haciendo bastante bien). Debemos aceptar que no estamos cerca de estándares educativos aceptables para el mundo de hoy. Ya basta de engañarnos, la educación panameña en general no esta cumpliendo (ni a nivel básico ni a nivel profesional) las exigencias del mercado mundial y tampoco las del interno. ¿Saben nuestros gobernantes lo que han hecho estos países para llegar donde están?. No hablo de ir, ver y copiar, pues cada país tiene su propia historia y características; me refiero a ir, ver y aplicar lo aplicable a nuestro modelo, de acuerdo a nuestro potencial y a nuestras necesidades. La educación actual no puede seguir sustentándose en los mismos planteamientos que se sustentaba 20 años atrás. Los maestros no pueden seguir trabajando ni en las condiciones ni con las precariedades salariales actuales.

En Singapur no puede ser maestro cualquiera. Para ello hay que estar entre el 30% de los que obtienen las mejores notas al salir de la universidad. Los salarios que reciben los maestros en dicho país, que tanto solemos poner como ejemplo, alcanzan los 2000$ mensuales, además de un bono por mérito anual (según evaluaciones) que oscila entre los 3000$ y los 5000$.

En consonancia con lo anterior, me gustaría compartir con ustedes la respuesta que ofreció la Presidenta de Finlandia, Tarja Halonen, al periodista Andrés Oppenheimer cuando le preguntó ¿ Y cuál es el secreto de su sistema educativo? ( Finlandia ocupa el tercer lugar en los resultados de los exámenes internacionales PISA 2009 (http://www.pisa.oecd.org/dataoecd/54/12/46643496.pdf) , los cuales miden los conocimientos de los estudiantes de 15 años en matemáticas, ciencias y lengua ). Halonen dijo: “Tenemos una larga fila de expertos internacionales que están haciendo cola frente a las puertas de nuestro Ministerio de Educación para ver qué pueden aprender del sistema. Lo que les cuesta creer es que la respuesta es tan simple como tener buenos maestros”.

Posted in Entre unos y otros | Tagged , , , , , , , | Leave a comment

DESPUES DE LA TEMPESTAD VIENE LA CALMA

28th
Jan. × ’11

Hola a todos. “Después de la tempestad viene la calma”, generalmente es asi, después de una tempestad se percibe la calma. Y es absolutamente necesario. El cerebro humano no esta capacitado para vivir constantemente en tempestades, sería simplemente abusar de él y provocar un colapso en nuestro sistema nervioso. Ya no solo a nivel personal sino también en todas las facetas de la vida se necesita la calma: en el trabajo, en el colegio, en nuestras relaciones, etc. Sin embargo, parece que últimamente los panameños no dejan de salir de una para entrar en otra. Tempestad tras tempestad. Que si la represión a los indigenas de Bocas del Toro; seguido de los wikileaks cables sobre la obra de ampliación; el escandalo de Bonissi en la procuraduría; el problema del agua; los quemados en el centro de reclusión de menores y ahora la reforma al código minero. Realmente no sé que Manual esta siguiendo el LOCO y sus secuaces. Se esta tensando demasiado la cuerda, son ya demasiados problemas sin resolver, demasiados errores, una cadena interminable de crisis mal gestionadas donde nadie asume responsabilidades. Sé que como yo habrán muchos panameños que con poco menos hubiesen puesto sus cargos a disposición del presidente. Cuando no se hacen bien las cosas, el primer paso para resolverlas es asumiendo nuestro error y más aún cuando los problemas son del calibre de los mencionados no existe espacio para “arreglarlo” existe, si acaso, la dignidad para aceptarlo y quitarte del medio.

Hay que mirar con mucho cuidado lo que el gobierno quiere hacer con la minería. ¿Cuenta nuestro país con medios suficientes para garantizar que la misma se desarrolle guardando los convenios internacionales, cuidando el medio ambiente y protegiendo a los trabajadores?. ¿Estamos realmente capacitados para hacer una supervisión de calidad y proteger la vida animal, vegetal y humana?.

Estamos de tempestad en tempestad y sencillamente un país no puede soportar vivir sin la calma. Sr. Presindente solo le pedimos que usted y los suyos hagan su trabajo, cumplan con las normas y acepten sus errores ràpido y aún más rápido ofrezcan no solo unas disculpas sino una solución a los problemas, presentando los planes y medidas a desarrollar para que los errores no se vuelvan a cometer. No mas tempestades.

Posted in Entre unos y otros | Tagged , , , , , , , | Leave a comment

UN PAIS VIVIENDO EN EL ENGAÑO

20th
Jan. × ’11

Hola a todos. Después de las fiestas de fin de año toma su tiempo retomar el ritmo. Luego de un año lleno de cosas bellas e interesantes, volví a Panamá a despedir el año con mis ” panas”. Me recibio un nuevo problema (que se suma a los miles que por si tienen que enfrentar diariamente la mayoria de los ciudadanos panameños) NO HAY AGUA, en muchos sectores de la ciudad capital no habia agua. Yo no terminaba de entender exactamente lo que estaba ocurriendo. Y ante las excusas de mis allegados, intente comprender que la situación realmente se debia a un hecho extraordinario y por tanto incontrolable por las manos de los hombres. Así que sin entrar en mayor detalle y realmente con la intención de evitar hacer comentarios poco acertados sencillamente decidi aceptar la explicación de la mayoría. Pero los días pasaban y salvo navidad y año nuevo el problema del agua seguia complicandose. Ya no llegaba en las madrugadas y para inicios de año, no habia agua, sencillamente ni una gota. Obviamente, después de dos semanas mis queridos panas se quitaron la venda y comprendieron que no se debia únicamente a un problema lógico acaecido por la naturaleza, sino que el mismo se habia agudizado debido a la mala gestión de las autoridades encargadas del Instituto responsable. Y yo para mis adentros decia: pero ¿cómo no se dan cuenta?, ¿cómo pueden justificar que un bien indispensable como el agua pueda faltar tantos días seguidos?; ¿cómo todos se quejan en todos lados pero nadie organiza ninguna forma civilizada de protesta ciudadana?, ¿será que somos los ciudadanos más educados y condecendientes del planeta?. No, que va, sencillamente es un país donde cada uno vive en su mundo. No quiero realmente hablar mal pero sencillamente estar fuera tantos años te hace pensar de forma distinta y comprender que vivir en un país en vias de desarrollo es saber y aprender a convivir con situaciones que en otras partes del mundo son inaceptables. Realmente los panameños se toman la vida de otra manera. Creo sinceramente que es un país viviendo en el engaño de un crecimiento económico que no lleva de la mano el crecimiento social que tanto  se necesita.  Con Blackberry hasta el “pabo” (pabo es aquel bien intencionado ciudadano que acompaña al conductor del autobus anunciando la ruta del mismo) de los autobuses, 4X4s y mercedes benz por doquier, edificios al mismo estilo manhattan (bueno exagerando un poco) y centros comerciales que muestran un nivel de consumo exagerado, solo contribuyen a seguir soñando y creyendo en un Panamá que realmente no existe. No hay instituciones sólidas, no hay una educación de calidad y el narcotráfico campea a sus anchas. Creo también que el caracter de mi gente es el más adecuado para poder sobrevivir en un país donde los servidores de la patria al parecer no tienen la mínima intención de gobernar para la mayoría. Para muestra un boton: el problema del agua continua (los que no tenian agua ya tienen agua pero ahora resulta que no es apta para el consumo humano) y  solo  solo se piensa en una cosa: “que no me quiten los carnavales”, como diria Trespatines: “cosa mas grande la vida chico”.

Posted in vida misma- | Tagged , , , , , , , , , | Leave a comment

ELOGIO DE LA LECTURA Y LA FICCION, Discurso de Vargas Llosa

8th
Dec. × ’10

Después de leer integramente el discurso pronunciado por Vargas Llosa al recibir el premio nobel de literatura, mi conclusión es que el mismo no puede dejar a nadie indiferente. He llorado y vivido cada letra, cada párrafo. No puedo menos que compartirlo con vosotros, disfrutarlo.

“Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio y permitiéndome viajar con el capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino, luchar junto a d’Artagnan, Athos, Portos y Aramís contra las intrigas que amenazan a la Reina en los tiempos del sinuoso Richelieu, o arrastrarme por las entrañas de París, convertido en Jean Valjean, con el cuerpo inerte de Marius a cuestas. * El Nobel que lloró y que hizo llorar Mario Vargas Llosa Mario Vargas Llosa A FONDO Nacimiento: 28-03-1936 Lugar: Arequipa La noticia en otros webs * webs en español * en otros idiomas Me gustaría que mi madre estuviera aquí, se emocionaba leyendo a Neruda Flaubert me enseñó que el talento es una disciplina tenaz y una larga paciencia Quienes, como Liu Xiaobo, luchan por su libertad, luchan por la nuestra Las experiencias peruanas siguen alimentándome como escritor La emancipación de los indígenas es una asignatura pendiente, una vergüenza La transición española ha sido una de las mejores historias modernas Escribir se volvió una manera de protestar, de resistir, de rebelarme La ficción despierta el espíritu crítico, es más que un entretenimiento La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura. Mi madre me contó que las primeras cosas que escribí fueron continuaciones de las historias que leía pues me apenaba que se terminaran o quería enmendarles el final. Y acaso sea eso lo que me he pasado la vida haciendo sin saberlo: prolongando en el tiempo, mientras crecía, maduraba y envejecía, las historias que llenaron mi infancia de exaltación y de aventuras. Me gustaría que mi madre estuviera aquí, ella que solía emocionarse y llorar leyendo los poemas de Amado Nervo y de Pablo Neruda, y también el abuelo Pedro, de gran nariz y calva reluciente, que celebraba mis versos, y el tío Lucho que tanto me animó a volcarme en cuerpo y alma a escribir aunque la literatura, en aquel tiempo y lugar, alimentara tan mal a sus cultores. Toda la vida he tenido a mi lado gentes así, que me querían y alentaban, y me contagiaban su fe cuando dudaba. Gracias a ellos y, sin duda, también, a mi terquedad y algo de suerte, he podido dedicar buena parte de mi tiempo a esta pasión, vicio y maravilla que es escribir, crear una vida paralela donde refugiarnos contra la adversidad, que vuelve natural lo extraordinario y extraordinario lo natural, disipa el caos, embellece lo feo, eterniza el instante y torna la muerte un espectáculo pasajero. No era fácil escribir historias. Al volverse palabras, los proyectos se marchitaban en el papel y las ideas e imágenes desfallecían. ¿Cómo reanimarlos? Por fortuna, allí estaban los maestros para aprender de ellos y seguir su ejemplo. Flaubert me enseñó que el talento es una disciplina tenaz y una larga paciencia. Faulkner, que es la forma -la escritura y la estructura- lo que engrandece o empobrece los temas. Martorell, Cervantes, Dickens, Balzac, Tolstoi, Conrad, Thomas Mann, que el número y la ambición son tan importantes en una novela como la destreza estilística y la estrategia narrativa. Sartre, que las palabras son actos y que una novela, una obra de teatro, un ensayo, comprometidos con la actualidad y las mejores opciones, pueden cambiar el curso de la historia. Camus y Orwell, que una literatura desprovista de moral es inhumana y Malraux que el heroísmo y la épica cabían en la actualidad tanto como en el tiempo de los argonautas, la Odisea y la Ilíada. Si convocara en este discurso a todos los escritores a los que debo algo o mucho sus sombras nos sumirían en la oscuridad. Son innumerables. Además de revelarme los secretos del oficio de contar, me hicieron explorar los abismos de lo humano, admirar sus hazañas y horrorizarme con sus desvaríos. Fueron los amigos más serviciales, los animadores de mi vocación, en cuyos libros descubrí que, aun en las peores circunstancias, hay esperanzas y que vale la pena vivir, aunque fuera sólo porque sin la vida no podríamos leer ni fantasear historias. Algunas veces me pregunté si en países como el mío, con escasos lectores y tantos pobres, analfabetos e injusticias, donde la cultura era privilegio de tan pocos, escribir no era un lujo solipsista. Pero estas dudas nunca asfixiaron mi vocación y seguí siempre escribiendo, incluso en aquellos períodos en que los trabajos alimenticios absorbían casi todo mi tiempo. Creo que hice lo justo, pues, si para que la literatura florezca en una sociedad fuera requisito alcanzar primero la alta cultura, la libertad, la prosperidad y la justicia, ella no hubiera existido nunca. Por el contrario, gracias a la literatura, a las conciencias que formó, a los deseos y anhelos que inspiró, al desencanto de lo real con que volvemos del viaje a una bella fantasía, la civilización es ahora menos cruel que cuando los contadores de cuentos comenzaron a humanizar la vida con sus fábulas. Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola. Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible y del infierno en que se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideología o una religión. Quienes dudan de que la literatura, además de sumirnos en el sueño de la belleza y la felicidad, nos alerta contra toda forma de opresión, pregúntense por qué todos los regímenes empeñados en controlar la conducta de los ciudadanos de la cuna a la tumba, la temen tanto que establecen sistemas de censura para reprimirla y vigilan con tanta suspicacia a los escritores independientes. Lo hacen porque saben el riesgo que corren dejando que la imaginación discurra por los libros, lo sediciosas que se vuelven las ficciones cuando el lector coteja la libertad que las hace posibles y que en ellas se ejerce, con el oscurantismo y el miedo que lo acechan en el mundo real. Lo quieran o no, lo sepan o no, los fabuladores, al inventar historias, propagan la insatisfacción, mostrando que el mundo está mal hecho, que la vida de la fantasía es más rica que la de la rutina cotidiana. Esa comprobación, si echa raíces en la sensibilidad y la conciencia, vuelve a los ciudadanos más difíciles de manipular, de aceptar las mentiras de quienes quisieran hacerles creer que, entre barrotes, inquisidores y carceleros viven más seguros y mejor.La buena literatura tiende puentes entre gentes distintas y, haciéndonos gozar, sufrir o sorprendernos, nos une por debajo de las lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios que nos separan. Cuando la gran ballena blanca sepulta al capitán Ahab en el mar, se encoge el corazón de los lectores idénticamente en Tokio, Lima o Tombuctú. Cuando Emma Bovary se traga el arsénico, Anna Karenina se arroja al tren y Julien Sorel sube al patíbulo, y cuando, en El Sur, el urbano doctor Juan Dahlmann sale de aquella pulpería de la pampa a enfrentarse al cuchillo de un matón, o advertimos que todos los pobladores de Comala, el pueblo de Pedro Páramo, están muertos, el estremecimiento es semejante en el lector que adora a Buda, Confucio, Cristo, Alá o es un agnóstico, vista saco y corbata, chilaba, kimono o bombachas. La literatura crea una fraternidad dentro de la diversidad humana y eclipsa las fronteras que erigen entre hombres y mujeres la ignorancia, las ideologías, las religiones, los idiomas y la estupidez. Como todas las épocas han tenido sus espantos, la nuestra es la de los fanáticos, la de los terroristas suicidas, antigua especie convencida de que matando se gana el paraíso, que la sangre de los inocentes lava las afrentas colectivas, corrige las injusticias e impone la verdad sobre las falsas creencias. Innumerables víctimas son inmoladas cada día en diversos lugares del mundo por quienes se sienten poseedores de verdades absolutas. Creíamos que, con el desplome de los imperios totalitarios, la convivencia, la paz, el pluralismo, los derechos humanos, se impondrían y el mundo dejaría atrás los holocaustos, genocidios, invasiones y guerras de exterminio. Nada de eso ha ocurrido. Nuevas formas de barbarie proliferan atizadas por el fanatismo y, con la multiplicación de armas de destrucción masiva, no se puede excluir que cualquier grupúsculo de enloquecidos redentores provoque un día un cataclismo nuclear. Hay que salirles al paso, enfrentarlos y derrotarlos. No son muchos, aunque el estruendo de sus crímenes retumbe por todo el planeta y nos abrumen de horror las pesadillas que provocan. No debemos dejarnos intimidar por quienes quisieran arrebatarnos la libertad que hemos ido conquistando en la larga hazaña de la civilización. Defendamos la democracia liberal, que, con todas sus limitaciones, sigue significando el pluralismo político, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos, el respeto a la crítica, la legalidad, las elecciones libres, la alternancia en el poder, todo aquello que nos ha ido sacando de la vida feral y acercándonos -aunque nunca llegaremos a alcanzarla- a la hermosa y perfecta vida que finge la literatura, aquella que sólo inventándola, escribiéndola y leyéndola podemos merecer. Enfrentándonos a los fanáticos homicidas defendemos nuestro derecho a soñar y a hacer nuestros sueños realidad. En mi juventud, como muchos escritores de mi generación, fui marxista y creí que el socialismo sería el remedio para la explotación y las injusticias sociales que arreciaban en mi país, América Latina y el resto del Tercer Mundo. Mi decepción del estatismo y el colectivismo y mi tránsito hacia el demócrata y el liberal que soy -que trato de ser- fue largo, difícil, y se llevó a cabo despacio y a raíz de episodios como la conversión de la Revolución Cubana, que me había entusiasmado al principio, al modelo autoritario y vertical de la Unión Soviética, el testimonio de los disidentes que conseguía escurrirse entre las alambradas del Gulag, la invasión de Checoeslovaquia por los países del Pacto de Varsovia, y gracias a pensadores como Raymond Aron, Jean-François Rével, Isaiah Berlin y Karl Popper, a quienes debo mi revalorización de la cultura democrática y de las sociedades abiertas. Esos maestros fueron un ejemplo de lucidez y gallardía cuando la intelligentsia de Occidente parecía, por frivolidad u oportunismo, haber sucumbido al hechizo del socialismo soviético, o, peor todavía, al aquelarre sanguinario de la revolución cultural china. De niño soñaba con llegar algún día a París porque, deslumbrado con la literatura francesa, creía que vivir allí y respirar el aire que respiraron Balzac, Stendhal, Baudelaire, Proust, me ayudaría a convertirme en un verdadero escritor, que si no salía del Perú sólo sería un seudo escritor de días domingos y feriados. Y la verdad es que debo a Francia, a la cultura francesa, enseñanzas inolvidables, como que la literatura es tanto una vocación como una disciplina, un trabajo y una terquedad. Viví allí cuando Sartre y Camus estaban vivos y escribiendo, en los años de Ionesco, Beckett, Bataille y Cioran, del descubrimiento del teatro de Brecht y el cine de Ingmar Bergman, el TNP de Jean Vilar y el Odéon de Jean Louis Barrault, de la Nouvelle Vague y le Nouveau Roman y los discursos, bellísimas piezas literarias, de André Malraux, y, tal vez, el espectáculo más teatral de la Europa de aquel tiempo, las conferencias de prensa y los truenos olímpicos del general De Gaulle. Pero, acaso, lo que más le agradezco a Francia sea el descubrimiento de América Latina. Allí aprendí que el Perú era parte de una vasta comunidad a la que hermanaban la historia, la geografía, la problemática social y política, una cierta manera de ser y la sabrosa lengua en que hablaba y escribía. Y que en esos mismos años producía una literatura novedosa y pujante. Allí leí a Borges, a Octavio Paz, Cortázar, García Márquez, Fuentes, Cabrera Infante, Rulfo, Onetti, Carpentier, Edwards, Donoso y muchos otros, cuyos escritos estaban revolucionando la narrativa en lengua española y gracias a los cuales Europa y buena parte del mundo descubrían que América Latina no era sólo el continente de los golpes de Estado, los caudillos de opereta, los guerrilleros barbudos y las maracas del mambo y el chachachá, sino también ideas, formas artísticas y fantasías literarias que trascendían lo pintoresco y hablaban un lenguaje universal. De entonces a esta época, no sin tropiezos y resbalones, América Latina ha ido progresando, aunque, como decía el verso de César Vallejo, todavía Hay, hermanos, muchísimo que hacer. Padecemos menos dictaduras que antaño, sólo Cuba y su candidata a secundarla, Venezuela, y algunas seudo democracias populistas y payasas, como las de Bolivia y Nicaragua. Pero en el resto del continente, mal que mal, la democracia está funcionando, apoyada en amplios consensos populares, y, por primera vez en nuestra historia, tenemos una izquierda y una derecha que, como en Brasil, Chile, Uruguay, Perú, Colombia, República Dominicana, México y casi todo Centroamérica, respetan la legalidad, la libertad de crítica, las elecciones y la renovación en el poder. Ése es el buen camino y, si persevera en él, combate la insidiosa corrupción y sigue integrándose al mundo, América Latina dejará por fin de ser el continente del futuro y pasará a serlo del presente. Nunca me he sentido un extranjero en Europa, ni, en verdad, en ninguna parte. En todos los lugares donde he vivido, en París, en Londres, en Barcelona, en Madrid, en Berlín, en Washington, Nueva York, Brasil o la República Dominicana, me sentí en mi casa. Siempre he hallado una querencia donde podía vivir en paz y trabajando, aprender cosas, alentar ilusiones, encontrar amigos, buenas lecturas y temas para escribir. No me parece que haberme convertido, sin proponérmelo, en un ciudadano del mundo, haya debilitado eso que llaman “las raíces”, mis vínculos con mi propio país -lo que tampoco tendría mucha importancia-, porque, si así fuera, las experiencias peruanas no seguirían alimentándome como escritor y no asomarían siempre en mis historias, aun cuando éstas parezcan ocurrir muy lejos del Perú. Creo que vivir tanto tiempo fuera del país donde nací ha fortalecido más bien aquellos vínculos, añadiéndoles una perspectiva más lúcida, y la nostalgia, que sabe diferenciar lo adjetivo y lo sustancial y mantiene reverberando los recuerdos. El amor al país en que uno nació no puede ser obligatorio, sino, al igual que cualquier otro amor, un movimiento espontáneo del corazón, como el que une a los amantes, a padres e hijos, a los amigos entre sí. Al Perú yo lo llevo en las entrañas porque en él nací, crecí, me formé, y viví aquellas experiencias de niñez y juventud que modelaron mi personalidad, fraguaron mi vocación, y porque allí amé, odié, gocé, sufrí y soñé. Lo que en él ocurre me afecta más, me conmueve y exaspera más que lo que sucede en otras partes. No lo he buscado ni me lo he impuesto, simplemente es así. Algunos compatriotas me acusaron de traidor y estuve a punto de perder la ciudadanía cuando, durante la última dictadura, pedí a los gobiernos democráticos del mundo que penalizaran al régimen con sanciones diplomáticas y económicas, como lo he hecho siempre con todas las dictaduras, de cualquier índole, la de Pinochet, la de Fidel Castro, la de los talibanes en Afganistán, la de los imanes de Irán, la del apartheid de África del Sur, la de los sátrapas uniformados de Birmania (hoy Myanmar). Y lo volvería a hacer mañana si -el destino no lo quiera y los peruanos no lo permitan- el Perú fuera víctima una vez más de un golpe de Estado que aniquilara nuestra frágil democracia. Aquella no fue la acción precipitada y pasional de un resentido, como escribieron algunos polígrafos acostumbrados a juzgar a los demás desde su propia pequeñez. Fue un acto coherente con mi convicción de que una dictadura representa el mal absoluto para un país, una fuente de brutalidad y corrupción y de heridas profundas que tardan mucho en cerrar, envenenan su futuro y crean hábitos y prácticas malsanas que se prolongan a lo largo de las generaciones demorando la reconstrucción democrática. Por eso, las dictaduras deben ser combatidas sin contemplaciones, por todos los medios a nuestro alcance, incluidas las sanciones económicas. Es lamentable que los gobiernos democráticos, en vez de dar el ejemplo, solidarizándose con quienes, como las Damas de Blanco en Cuba, los resistentes venezolanos, o Aung San Suu Kyi y Liu Xiaobo, que se enfrentan con temeridad a las dictaduras que sufren, se muestren a menudo complacientes no con ellos sino con sus verdugos. Aquellos valientes, luchando por su libertad, también luchan por la nuestra. Un compatriota mío, José María Arguedas, llamó al Perú el país de “todas las sangres”. No creo que haya fórmula que lo defina mejor. Eso somos y eso llevamos dentro todos los peruanos, nos guste o no: una suma de tradiciones, razas, creencias y culturas procedentes de los cuatro puntos cardinales. A mí me enorgullece sentirme heredero de las culturas prehispánicas que fabricaron los tejidos y mantos de plumas de Nazca y Paracas y los ceramios mochicas o incas que se exhiben en los mejores museos del mundo, de los constructores de Machu Picchu, el Gran Chimú, Chan Chan, Kuelap, Sipán, las huacas de La Bruja y del Sol y de la Luna, y de los españoles que, con sus alforjas, espadas y caballos, trajeron al Perú a Grecia, Roma, la tradición judeo-cristiana, el Renacimiento, Cervantes, Quevedo y Góngora, y a la lengua recia de Castilla que los Andes dulcificaron. Y de que con España llegara también el África con su reciedumbre, su música y su efervescente imaginación a enriquecer la heterogeneidad peruana. Si escarbamos un poco descubrimos que el Perú, como el aleph de Borges, es en pequeño formato el mundo entero. ¡Qué extraordinario privilegio el de un país que no tiene una identidad porque las tiene todas! La conquista de América fue cruel y violenta, como todas las conquistas, desde luego, y debemos criticarla, pero sin olvidar, al hacerlo, que quienes cometieron aquellos despojos y crímenes fueron, en gran número, nuestros bisabuelos y tatarabuelos, los españoles que fueron a América y allí se acriollaron, no los que se quedaron en su tierra. Aquellas críticas, para ser justas, deben ser una autocrítica. Porque, al independizarnos de España, hace doscientos años, quienes asumieron el poder en las antiguas colonias, en vez de redimir al indio y hacerle justicia por los antiguos agravios, siguieron explotándolo con tanta codicia y ferocidad como los conquistadores, y, en algunos países, diezmándolo y exterminándolo. Digámoslo con toda claridad: desde hace dos siglos la emancipación de los indígenas es una responsabilidad exclusivamente nuestra y la hemos incumplido. Ella sigue siendo una asignatura pendiente en toda América Latina. No hay una sola excepción a este oprobio y vergüenza. Quiero a España tanto como al Perú y mi deuda con ella es tan grande como el agradecimiento que le tengo. Si no hubiera sido por España jamás hubiera llegado a esta tribuna, ni a ser un escritor conocido, y tal vez, como tantos colegas desafortunados, andaría en el limbo de los escribidores sin suerte, sin editores, ni premios, ni lectores, cuyo talento acaso -triste consuelo- descubriría algún día la posteridad. En España se publicaron todos mis libros, recibí reconocimientos exagerados, amigos como Carlos Barral y Carmen Balcells y tantos otros se desvivieron porque mis historias tuvieran lectores. Y España me concedió una segunda nacionalidad cuando podía perder la mía. Jamás he sentido la menor incompatibilidad entre ser peruano y tener un pasaporte español porque siempre he sentido que España y el Perú son el anverso y el reverso de una misma cosa, y no sólo en mi pequeña persona, también en realidades esenciales como la historia, la lengua y la cultura. De todos los años que he vivido en suelo español, recuerdo con fulgor los cinco que pasé en la querida Barcelona a comienzos de los años setenta. La dictadura de Franco estaba todavía en pie y aún fusilaba, pero era ya un fósil en hilachas, y, sobre todo en el campo de la cultura, incapaz de mantener los controles de antaño. Se abrían rendijas y resquicios que la censura no alcanzaba a parchar y por ellas la sociedad española absorbía nuevas ideas, libros, corrientes de pensamiento y valores y formas artísticas hasta entonces prohibidos por subversivos. Ninguna ciudad aprovechó tanto y mejor que Barcelona este comienzo de apertura ni vivió una efervescencia semejante en todos los campos de las ideas y la creación. Se convirtió en la capital cultural de España, el lugar donde había que estar para respirar el anticipo de la libertad que se vendría. Y, en cierto modo, fue también la capital cultural de América Latina por la cantidad de pintores, escritores, editores y artistas procedentes de los países latinoamericanos que allí se instalaron, o iban y venían a Barcelona, porque era donde había que estar si uno quería ser un poeta, novelista, pintor o compositor de nuestro tiempo. Para mí, aquellos fueron unos años inolvidables de compañerismo, amistad, conspiraciones y fecundo trabajo intelectual. Igual que antes París, Barcelona fue una Torre de Babel, una ciudad cosmopolita y universal, donde era estimulante vivir y trabajar, y donde, por primera vez desde los tiempos de la guerra civil, escritores españoles y latinoamericanos se mezclaron y fraternizaron, reconociéndose dueños de una misma tradición y aliados en una empresa común y una certeza: que el final de la dictadura era inminente y que en la España democrática la cultura sería la protagonista principal. Aunque no ocurrió así exactamente, la transición española de la dictadura a la democracia ha sido una de las mejores historias de los tiempos modernos, un ejemplo de cómo, cuando la sensatez y la racionalidad prevalecen y los adversarios políticos aparcan el sectarismo en favor del bien común, pueden ocurrir hechos tan prodigiosos como los de las novelas del realismo mágico. La transición española del autoritarismo a la libertad, del subdesarrollo a la prosperidad, de una sociedad de contrastes económicos y desigualdades tercermundistas a un país de clases medias, su integración a Europa y su adopción en pocos años de una cultura democrática, ha admirado al mundo entero y disparado la modernización de España. Ha sido para mí una experiencia emocionante y aleccionadora vivirla de muy cerca y a ratos desde dentro. Ojalá que los nacionalismos, plaga incurable del mundo moderno y también de España, no estropeen esta historia feliz. Detesto toda forma de nacionalismo, ideología -o, más bien, religión- provinciana, de corto vuelo, excluyente, que recorta el horizonte intelectual y disimula en su seno prejuicios étnicos y racistas, pues convierte en valor supremo, en privilegio moral y ontológico, la circunstancia fortuita del lugar de nacimiento. Junto con la religión, el nacionalismo ha sido la causa de las peores carnicerías de la historia, como las de las dos guerras mundiales y la sangría actual del Medio Oriente. Nada ha contribuido tanto como el nacionalismo a que América Latina se haya balcanizado, ensangrentado en insensatas contiendas y litigios y derrochado astronómicos recursos en comprar armas en vez de construir escuelas, bibliotecas y hospitales. No hay que confundir el nacionalismo de orejeras y su rechazo del “otro”, siempre semilla de violencia, con el patriotismo, sentimiento sano y generoso, de amor a la tierra donde uno vio la luz, donde vivieron sus ancestros y se forjaron los primeros sueños, paisaje familiar de geografías, seres queridos y ocurrencias que se convierten en hitos de la memoria y escudos contra la soledad. La patria no son las banderas ni los himnos, ni los discursos apodícticos sobre los héroes emblemáticos, sino un puñado de lugares y personas que pueblan nuestros recuerdos y los tiñen de melancolía, la sensación cálida de que, no importa donde estemos, existe un hogar al que podemos volver. El Perú es para mí una Arequipa donde nací pero nunca viví, una ciudad que mi madre, mis abuelos y mis tíos me enseñaron a conocer a través de sus recuerdos y añoranzas, porque toda mi tribu familiar, como suelen hacer los arequipeños, se llevó siempre a la Ciudad Blanca con ella en su andariega existencia. Es la Piura del desierto, el algarrobo y el sufrido burrito, al que los piuranos de mi juventud llamaban “el pie ajeno” -lindo y triste apelativo-, donde descubrí que no eran las cigüeñas las que traían los bebés al mundo sino que los fabricaban las parejas haciendo unas barbaridades que eran pecado mortal. Es el Colegio San Miguel y el Teatro Variedades donde por primera vez vi subir al escenario una obrita escrita por mí. Es la esquina de Diego Ferré y Colón, en el Miraflores limeño -la llamábamos el Barrio Alegre-, donde cambié el pantalón corto por el largo, fumé mi primer cigarrillo, aprendí a bailar, a enamorar y a declararme a las chicas. Es la polvorienta y temblorosa redacción del diario La Crónica donde, a mis dieciséis años, velé mis primeras armas de periodista, oficio que, con la literatura, ha ocupado casi toda mi vida y me ha hecho, como los libros, vivir más, conocer mejor el mundo y frecuentar a gente de todas partes y de todos los registros, gente excelente, buena, mala y execrable. Es el Colegio Militar Leoncio Prado, donde aprendí que el Perú no era el pequeño reducto de clase media en el que yo había vivido hasta entonces confinado y protegido, sino un país grande, antiguo, enconado, desigual y sacudido por toda clase de tormentas sociales. Son las células clandestinas de Cahuide en las que con un puñado de sanmarquinos preparábamos la revolución mundial. Y el Perú son mis amigos y amigas del Movimiento Libertad con los que por tres años, entre las bombas, apagones y asesinatos del terrorismo, trabajamos en defensa de la democracia y la cultura de la libertad. El Perú es Patricia, la prima de naricita respingada y carácter indomable con la que tuve la fortuna de casarme hace 45 años y que todavía soporta las manías, neurosis y rabietas que me ayudan a escribir. Sin ella mi vida se hubiera disuelto hace tiempo en un torbellino caótico y no hubieran nacido Álvaro, Gonzalo, Morgana ni los seis nietos que nos prolongan y alegran la existencia. Ella hace todo y todo lo hace bien. Resuelve los problemas, administra la economía, pone orden en el caos, mantiene a raya a los periodistas y a los intrusos, defiende mi tiempo, decide las citas y los viajes, hace y deshace las maletas, y es tan generosa que, hasta cuando cree que me riñe, me hace el mejor de los elogios: ‘Mario, para lo único que tú sirves es para escribir”. Volvamos a la literatura. El paraíso de la infancia no es para mí un mito literario sino una realidad que viví y gocé en la gran casa familiar de tres patios, en Cochabamba, donde con mis primas y compañeros de colegio podíamos reproducir las historias de Tarzán y de Salgari, y en la Prefectura de Piura, en cuyos entretechos anidaban los murciélagos, sombras silentes que llenaban de misterio las noches estrelladas de esa tierra caliente. En esos años, escribir fue jugar un juego que me celebraba la familia, una gracia que me merecía aplausos, a mí, el nieto, el sobrino, el hijo sin papá, porque mi padre había muerto y estaba en el cielo. Era un señor alto y buen mozo, de uniforme de marino, cuya foto engalanaba mi velador y a la que yo rezaba y besaba antes de dormir. Una mañana piurana, de la que todavía no creo haberme recobrado, mi madre me reveló que aquel caballero, en verdad, estaba vivo. Y que ese mismo día nos iríamos a vivir con él, a Lima. Yo tenía once años y, desde entonces, todo cambió. Perdí la inocencia y descubrí la soledad, la autoridad, la vida adulta y el miedo. Mi salvación fue leer, leer los buenos libros, refugiarme en esos mundos donde vivir era exaltante, intenso, una aventura tras otra, donde podía sentirme libre y volvía a ser feliz. Y fue escribir, a escondidas, como quien se entrega a un vicio inconfensable, a una pasión prohibida. La literatura dejó de ser un juego. Se volvió una manera de resistir la adversidad, de protestar, de rebelarme, de escapar a lo intolerable, mi razón de vivir. Desde entonces y hasta ahora, en todas las circunstancias en que me he sentido abatido o golpeado, a orillas de la desesperación, entregarme en cuerpo y alma a mi trabajo de fabulador ha sido la luz que señala la salida del túnel, la tabla de salvación que lleva al náufrago a la playa. Aunque me cuesta mucho trabajo y me hace sudar la gota gorda, y, como todo escritor, siento a veces la amenaza de la parálisis, de la sequía de la imaginación, nada me ha hecho gozar en la vida tanto como pasarme los meses y los años construyendo una historia, desde su incierto despuntar, esa imagen que la memoria almacenó de alguna experiencia vivida, que se volvió un desasosiego, un entusiasmo, un fantaseo que germinó luego en un proyecto y en la decisión de intentar convertir esa niebla agitada de fantasmas en una historia. “Escribir es una manera de vivir”, dijo Flaubert. Sí, muy cierto, una manera de vivir con ilusión y alegría y un fuego chisporroteante en la cabeza, peleando con las palabras díscolas hasta amaestrarlas, explorando el ancho mundo como un cazador en pos de presas codiciables para alimentar la ficción en ciernes y aplacar ese apetito voraz de toda historia que al crecer quisiera tragarse todas las historias. Llegar a sentir el vértigo al que nos conduce una novela en gestación, cuando toma forma y parece empezar a vivir por cuenta propia, con personajes que se mueven, actúan, piensan, sienten y exigen respeto y consideración, a los que ya no es posible imponer arbitrariamente una conducta, ni privarlos de su libre albedrío sin matarlos, sin que la historia pierda poder de persuasión, es una experiencia que me sigue hechizando como la primera vez, tan plena y vertiginosa como hacer el amor con la mujer amada días, semanas y meses, sin cesar. Al hablar de la ficción, he hablado mucho de la novela y poco del teatro, otra de sus formas excelsas. Una gran injusticia, desde luego. El teatro fue mi primer amor, desde que, adolescente, vi en el Teatro Segura, de Lima, La muerte de un viajante, de Arthur Miller, espectáculo que me dejó traspasado de emoción y me precipitó a escribir un drama con incas. Si en la Lima de los cincuenta hubiera habido un movimiento teatral habría sido dramaturgo antes que novelista. No lo había y eso debió orientarme cada vez más hacia la narrativa. Pero mi amor por el teatro nunca cesó, dormitó acurrucado a la sombra de las novelas, como una tentación y una nostalgia, sobre todo cuando veía alguna pieza subyugante. A fines de los setenta, el recuerdo pertinaz de una tía abuela centenaria, la Mamaé, que, en los últimos años de su vida, cortó con la realidad circundante para refugiarse en los recuerdos y la ficción, me sugirió una historia. Y sentí, de manera fatídica, que aquella era una historia para el teatro, que sólo sobre un escenario cobraría la animación y el esplendor de las ficciones logradas. La escribí con el temblor excitado del principiante y gocé tanto viéndola en escena, con Norma Aleandro en el papel de la heroína, que, desde entonces, entre novela y novela, ensayo y ensayo, he reincidido varias veces. Eso sí, nunca imaginé que, a mis setenta años, me subiría (debería decir mejor me arrastraría) a un escenario a actuar. Esa temeraria aventura me hizo vivir por primera vez en carne y hueso el milagro que es, para alguien que se ha pasado la vida escribiendo ficciones, encarnar por unas horas a un personaje de la fantasía, vivir la ficción delante de un público. Nunca podré agradecer bastante a mis queridos amigos, el director Joan Ollé y la actriz Aitana Sánchez Gijón, haberme animado a compartir con ellos esa fantástica experiencia (pese al pánico que la acompañó). La literatura es una representación falaz de la vida que, sin embargo, nos ayuda a entenderla mejor, a orientarnos por el laberinto en el que nacimos, transcurrimos y morimos. Ella nos desagravia de los reveses y frustraciones que nos inflige la vida verdadera y gracias a ella desciframos, al menos parcialmente, el jeroglífico que suele ser la existencia para la gran mayoría de los seres humanos, principalmente aquellos que alentamos más dudas que certezas, y confesamos nuestra perplejidad ante temas como la trascendencia, el destino individual y colectivo, el alma, el sentido o el sinsentido de la historia, el más acá y el más allá del conocimiento racional. Siempre me ha fascinado imaginar aquella incierta circunstancia en que nuestros antepasados, apenas diferentes todavía del animal, recién nacido el lenguaje que les permitía comunicarse, empezaron, en las cavernas, en torno a las hogueras, en noches hirvientes de amenazas -rayos, truenos, gruñidos de las fieras-, a inventar historias y a contárselas. Aquel fue el momento crucial de nuestro destino, porque, en esas rondas de seres primitivos suspensos por la voz y la fantasía del contador, comenzó la civilización, el largo transcurrir que poco a poco nos humanizaría y nos llevaría a inventar al individuo soberano y a desgajarlo de la tribu, la ciencia, las artes, el derecho, la libertad, a escrutar las entrañas de la naturaleza, del cuerpo humano, del espacio y a viajar a las estrellas. Aquellos cuentos, fábulas, mitos, leyendas, que resonaron por primera vez como una música nueva ante auditorios intimidados por los misterios y peligros de un mundo donde todo era desconocido y peligroso, debieron ser un baño refrescante, un remanso para esos espíritus siempre en el quién vive, para los que existir quería decir apenas comer, guarecerse de los elementos, matar y fornicar. Desde que empezaron a soñar en colectividad, a compartir los sueños, incitados por los contadores de cuentos, dejaron de estar atados a la noria de la supervivencia, un remolino de quehaceres embrutecedores, y su vida se volvió sueño, goce, fantasía y un designio revolucionario: romper aquel confinamiento y cambiar y mejorar, una lucha para aplacar aquellos deseos y ambiciones que en ellos azuzaban las vidas figuradas, y la curiosidad por despejar las incógnitas de que estaba constelado su entorno. Ese proceso nunca interrumpido se enriqueció cuando nació la escritura y las historias, además de escucharse, pudieron leerse y alcanzaron la permanencia que les confiere la literatura. Por eso, hay que repetirlo sin tregua hasta convencer de ello a las nuevas generaciones: la ficción es más que un entretenimiento, más que un ejercicio intelectual que aguza la sensibilidad y despierta el espíritu crítico. Es una necesidad imprescindible para que la civilización siga existiendo, renovándose y conservando en nosotros lo mejor de lo humano. Para que no retrocedamos a la barbarie de la incomunicación y la vida no se reduzca al pragmatismo de los especialistas que ven las cosas en profundidad pero ignoran lo que las rodea, precede y continúa. Para que no pasemos de servirnos de las máquinas que inventamos a ser sus sirvientes y esclavos. Y porque un mundo sin literatura sería un mundo sin deseos ni ideales ni desacatos, un mundo de autómatas privados de lo que hace que el ser humano sea de veras humano: la capacidad de salir de sí mismo y mudarse en otro, en otros, modelados con la arcilla de nuestros sueños. De la caverna al rascacielos, del garrote a las armas de destrucción masiva, de la vida tautológica de la tribu a la era de la globalización, las ficciones de la literatura han multiplicado las experiencias humanas, impidiendo que hombres y mujeres sucumbamos al letargo, al ensimismamiento, a la resignación. Nada ha sembrado tanto la inquietud, removido tanto la imaginación y los deseos, como esa vida de mentiras que añadimos a la que tenemos gracias a la literatura para protagonizar las grandes aventuras, las grandes pasiones, que la vida verdadera nunca nos dará. Las mentiras de la literatura se vuelven verdades a través de nosotros, los lectores transformados, contaminados de anhelos y, por culpa de la ficción, en permanente entredicho con la mediocre realidad. Hechicería que, al ilusionarnos con tener lo que no tenemos, ser lo que no somos, acceder a esa imposible existencia donde, como dioses paganos, nos sentimos terrenales y eternos a la vez, la literatura introduce en nuestros espíritus la inconformidad y la rebeldía, que están detrás de todas las hazañas que han contribuido a disminuir la violencia en las relaciones humanas. A disminuir la violencia, no a acabar con ella. Porque la nuestra será siempre, por fortuna, una historia inconclusa. Por eso tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo, la más eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible

Posted in vida misma- | Tagged , , , , , , , , , , | Leave a comment

ANTE LA INSANSATEZ Y LA POCA VERGUENZA

6th
Dec. × ’10

Hola a todos, definitivamente no podia dejar de escribir ante un suceso tan impactante como ha sido el acontecido este viernes en España. Como no podía ser de otra forma, me entere vía las redes sociales (twitter) de lo que estaba acontenciendo, después que a las 5pm del día viernes 3 de diciembre, los controladores aereos de los aeropuertos españoles decidieran abandonar sus puestos de trabajo (alegando baja médica) como medida de presión para protestar por las nuevas medidas aprobadas por el ejecutivo español con respecto a la modificación de sus derechos (o mejor dicho privilegios).  Sus acciones, totalmente desproporcionadas, tuvieron como consecuencia que 350000 españoles y visitantes perdieran sus vuelos en la antesala de unos días libres. El gobierno, actuo lo más rápido posible, intentando que las pérdidas no alcanzaran cifras mayores. Esta vez el gobierno de Zapatero fue contundente (y creanme que tampoco los eximo de responsabilidades, que las tiene). Estado de Alarma y militarización de los aeropuertos.

No obstante, nos toca preguntarnos que nos pasa. ¿Quienes nos dijeren?. ¿Quienes son los lideres de los sindicatos, de las patronales de empresarios, de las instituciones, en general de todas las organizaciones sociales y gubernamentales? . No podemos mirar hacia otra parte y decir que los gobernantes que tenemos son corruptos, ineficientes, ineficaces e irresponsables. Pues al parecer estos no son solo adjetivos calificativos aplicables a los gobernantes. Ante lo sucedido debemos mirar a nuestro alrededor y darnos cuenta que estamos ante un fenómeno global, un deterioro del sentido de la responsabilidad en todos sus ámbitos. Como lo llaman en Panamá “el jueva vivo” es decir, las ganas de actuar en beneficio propio son las que están marcando el ritmo. El hecho de permitir que existan ciudadanos de primera y de segunda, clubes de primera y de segunda, el silencio complice de todos, es que lo que esta haciendo que todos, en mayor o menor medida, actuemos sin importarnos las consecuencias de nuestros actos. Los controladores aereos no pensaron las consecuencias de actuar sin medidas, fuera de los marcos legales que la ley contempla. Solo pensaron en ellos, en su “injusta situación”, sin mirar que alrededor existen más de 4.7 millones de personas que no tienen un empleo. No les importo las pérdidas millonarias en el sector hotelero. Ni que muchos españoles que no llegan a mil euros al mes, hubiesen hecho un esfuerzo para visitar a sus familiares. Y mucho menos todo el daño emocional sufrido por niños y mayores durante su larga espera, sin respuestas, sin que nadie les explicara  lo que pasaba.

Diciembre, para quienes creen en Dios como aquellos que no, es un mes de reflexión. En exactamente  25 días se acaba el 2010. Siempre es un buen momento para promesas, para soñar y cerrar etapas. Creo que, en general, debemos hacer un alto y pensar en la responsabilidades que tenemos a nivel personal, profesional y ciudadano. Si cada uno de nosotros pensaramos que nuestros actos, muchas veces, no solo tienen consecuencias en nuestro pequeño mundo, tal vez estariamos construyendo un mundo mejor. Los gobernantes, los dirigentes de sindicatos y presidentes de empresas no vienen del espacio, son seres humanos de carne y hueso igual que todos nosotros. Si todos pensaramos un poco más en los demás las cosas marcharian mucho mejor.

Posted in vida misma- | Tagged , , , , , , , , , | Leave a comment

Un diamante en bruto

2nd
Nov. × ’10

Hola a todos,La Prensa de Panamá de hoy publica un artículo de Paco Goméz Nadal que quiero compartir con ustedes. Realmente habra que ser panameño para entender muchas de las referencias que hace. Preocupa el futuro y el desarrollo económico más cuando el mismo esta ligado al desarrollo de actividades que no solo atentan contra el medio ambiente sino contra el ser humano.

Aqui va el artículo:

“Yo debo ser muy bruto para no haber entendido nunca cómo se mata o se gasta por unas piedras. Pero el hecho es que así es. En Sierra Leona murieron 200 mil personas y otros dos millones fueron desplazadas en una de las conocidas como Guerras de Diamantes. A pesar del conocido como Proceso Kimberly, que ha impuesto un certificado de origen light a los diamantes para intentar que no procedan de zonas de guerra, lo cierto es que los diamantes siguen siendo gasolina para las guerras en África y triste demostración de poder económico de aquellos que los compran y los pavonean.

Imagino, sin embargo, que debemos estar orgullosos porque ya estamos casi a punto de abrir en Costa del Este la primera Bolsa de Diamantes de Latinoamérica.

Estamos muy contentos porque el edificio va a tener forma de diamante (cada día Mafiópolis se parece más a un parque temáticos de nuevos ricos) y porque en Panamá se moverán cada año unos 5 mil millones de dólares de este mercado manchado de sangre y de la peor de las especulaciones. Esta buena noticia hay que agradecerla al “superP99” que fue hasta Israel hace justo un año para convencer a la mafia del diamante de que Panamá era el mejor lugar para seguir ampliando su red de comercialización.

La verdad es que el país no va a tener desperdicio dentro de unos años. Será un queso gruyere gracias a la minería de oro y cobre, venderemos diamantes como locos (¿Dije locos?), los centros comerciales estarán interconectados por el metro, los carros transitarán por decenas de puentes elevados que harán más difícil aún caminar la ciudad, la población originaria hablará inglés y estará muy agradecida por poder trabajar en una mina inmunda o en un hotel bien “pinchao” y Ciudad Utopía (léase Costa del Este) estará protegida de los harapientos por un check point, al estilo de la narración magistral de Héctor Abad Faciolince en Angosta.

A cambio de este hermoso panorama de desarrollo y prosperidad sólo hay que renunciar a algunas cosas que, en realidad, sólo son caprichos de ñángaras y amargados, como el que suscribe.

A saber: Perderemos la declaratoria de Patrimonio de la Humanidad para el Casco Antiguo gracias a la costanera que los gorilas del desarrollo construirán para orgullo patrio y mayor grandeza de la Navidad del Pueblo; será difícil distinguir el mar desde el Cerro Ancón por culpa de los cientos de edificios crecidos como setas en la Cinta Costera y en toda la franja marina de la ciudad; ya no podremos poner la foto de los indígenas en los posters publicitarios de la ATP porque no encontraremos a uno sólo dispuesto a sonreír o a vestirse con esos trajes desfasados y mugrientos con los que ahora subsisten; concentraremos la población del interior en cuatro ciudades estratégicas, porque es un desperdicio eso de llevar prosperidad a lugares tan remotos y caprichosos; el Darién será una gran plantación de maíz o de palma aceitera para poder abastecer de biocombustibles un desarrollo tan ecológico como el que se nos viene (eco porque todo –cobre, oro y diamantes– sale de la viuda tierra), y habremos dejado en suspenso la democracia para darle más celeridad a los procesos de decisión y no enredarnos en la tan cansona burocracia del Estado (en eso pueden asesorar de forma gratuita los próceres de la Fundación Libertad).

Considero que las pérdidas no son tan graves y que, a cambio seremos diamantes tallados y no unos brutos, como yo, incapaces de darnos cuenta de que sí es oro todo lo que reluce. Por ejemplo, los periódicos y las televisoras reconocen –y aceptan– perfectamente los dólares de Minera Panamá y su megacampaña de imagen (aunque sepan que es publicidad engañosa), así como la plata del Gobierno cuando dice que vamos bien aunque no tenga una sola prueba para seguir con la tonadilla. Es decir, hay ya mucha gente preparada para reconocer el valor de lo bueno, aunque lo bueno pueda llegar cargado de veneno. Lo importante es tener el antídoto para unos pocos y un discurso creíble –que no cierto– para la mayoría.”

Posted in Entre unos y otros | Tagged , , , , , , , | Leave a comment

SIN FORMULAS PERFECTAS

1st
Nov. × ’10

Hola a todas y todos. Hace ya tiempo no escribia, realmente he estado concentrada en otros asuntos y voy a utilizar la triste y poco original excusa que utilizamos todos cuando no hemos podido hacer alguna cosa: “no he tenido tiempo”.

Hoy me ha enviado mi padre un artículo muy interesante escrito por el periodista colombiano Daniel Samper. No es que este totalmente de acuerdo con lo que dice, pero si nos hace recapacitar. No olvidar la historia e intentar no volver a cometer los errores del pasado.

Es realmente preocupante la situación económica actual y esta quedando demostrada la poca capacidad y margen de actuación que tienen los países, que como España, forman parte de una entidad supranacional, creada para generar crecimiento y progreso de todos sus miembros. Un presidente de izquierdas que realmente no ha sabido como enfrentar una crisis real (yo realmente no estoy del todo de acuerdo con aquellos que dicen que estamos pasando por un momento de crisis psicologica y que todo anda asi por la depresión que tenemos todos y el miedo a lo que vendra. No digo que algo de ello hay pero si es cierto que existen familias donde nadie trabaja porque no hay oportunidades para ellos, donde las PYMES hacen lo posible para mantenerse y donde el poco empleo que se crea no es pagado de acorde a los conocimientos de quienes los realizan).

Para despetar un poco y mirar alrededor, espero que lean el artículo y saquen vuestras propias conclusiones:

En el mundo, y en Colombia, crece una ola reaccionaria, hija de la crisis económica que ella causó.

Dentro de un tiempo, la Historia examinará atónita la paradoja que hoy vivimos: el capitalismo financiero, autor de la peor crisis económica y social de los últimos 70 años, se beneficia de la catástrofe que causó, mientras pagan la cuenta de cobro sus víctimas: los pobres, los inmigrantes, los desempleados, los jubilados, los que perdieron sus ahorros en la debacle aventurera de las aseguradoras y los bancos. “En estos tiempos de pobreza, de millones de personas sin casa y sin puesto, los que están furiosos son los ricos”, comentó Paul Krugman, columnista de The New York Times.

Se pensó que el desplome de la economía especulativa iba a castigar a la derecha que lo propició con su repudio a los controles legales, lo escondió cuando empezaron las grietas y trasladó la factura al Estado. Pero acontece lo contrario: la godarria avanza y, en un irónico papel de víctima inculpada, la izquierda retrocede.

La godarria es, según el Diccionario de Americanismos, el “conjunto de godos o conservadores”. Es decir, aquellos grupos, personas y partidos que veneran el capital, proclaman el lucro como filosofía, combaten la presencia reguladora del Estado, ceden el control de nuestras vidas a los mercados, desconfían de los pobres y los distintos, meten a Dios en la cama y defienden valores de clase, intolerancia, insolidaridad y discriminación.

Esta semana veremos cuánto progresa la godarria en Estados Unidos, país que ofreció en el 2008 el reconfortante espectáculo de elegir a un presidente negro y demócrata. Temo que en las elecciones parciales del 2 de noviembre las ideas igualitarias saldrán mal paradas. El Partido Republicano -los godos gringos- podría capturar muchas de las 37 curules senatoriales en juego. Lo peor es que una parte de los republicanos procede de la más oscura caverna, el Tea Party, fracción extremista de la derecha. Allí florecen la ignorancia (todos sus candidatos niegan la verdad científica de que el cambio climático es obra del hombre) y el sectarismo religioso (una de sus figuras más preclaras, Christine O’Donnell, hizo campaña política contra la masturbación).

La godarria no solo avanza: se extiende. Antes de que su reforma laboral suscitara protestas multitudinarias, Sarkozy, el presidente francés, andaba reseñando y desterrando gitanos. Lo respaldó un presidente socialista español secuestrado por el neoliberalismo. En Alemania, la canciller Merkel renunció a la integración multicultural y anunció que los inmigrantes deberán aprender alemán y cristianismo. En Gran Bretaña y Canadá mandan los conservadores. En Italia caza extranjeros Berlusconi, el corrupto multimillonario neofascista. En Holanda, la coalición de gobierno incluye al Partido de la Libertad, xenófobo y racista. En Suecia, espejo de solidaridad social, los Demócratas Suecos, herederos de los partidos neonazis, sacaron 20 sillas en el Congreso. En Hungría, los fanáticos del partido Joobik aplauden la persecución de gitanos y rumanos. “En casi toda Europa -resume The Economist-, la crisis ha ayudado más a la derecha que a la izquierda.”

Exceptuando unos pocos países, también en Latinoamérica puja la godarria. Dos impecables gobiernos socialistas no bastaron para atajar las aspiraciones políticas de Sebastián Piñera, el hombre más rico de Chile. Panamá lo imitó eligiendo a un magnate de supermercados. En México, el godísimo y homófobo gobernador de Jalisco quiere ahogar la célebre Feria del Libro y quitar plata a las universidades.

Entre tanto, en Colombia, más de lo mismo: el antiguo socialdemócrata Álvaro Uribe, a quien hoy el Partido Conservador considera suyo, anuncia el regreso electoral. Supongo que le parece comunista Juan Manuel Santos (y eso que la revolucionaria Ley de Tierras solo aspira a retrotraer 20 años las cosas… cuando ya eran una injusticia social). Con Uribe cabalga la brigada reaccionaria cuyo representante más poderoso es el procurador Ordóñez y cuyos más fieles jinetes son Londoño, Obdulio, Lozano y Yamhure.

La godarria está alborotada. La godarria avanza. La godarria amenaza.

Posted in Entre unos y otros | Tagged , , , , , , , , , , , , , | Leave a comment

A SOLO 5 DIAS

10th
Oct. × ’10

Hola a todos¡¡ vuelvo con mi blog y entre tantos proyectos nuevos (hemos sacado un nuevo blog ya les comentaré luego) he escrito varios post a medias que luego no he publicado. Pero este era justo y necesario. Estamos a solo 5 días de lograr un hecho histórico, los 33  mineros atrapados en el desierto de Atacama volverán con sus familias y eso hay que celebrarlo. Quince días antes de lo previsto los mineros chilenos podrán encontrarse con sus familiares. Hoy se dice poco pero realmente era una prueba dificil de superar y lo han conseguido. El mundo se ha preocupado, se ha contado con el respaldo y la solidaridad de los mejores y ya casi esta. Se tiene previsto que el día 15 de octubre esten todos fuera.

Es un proceso que toma su tiempo y para ello se estan organizando: saldrán los más hábiles primero; los más débiles y enfermos despúes y por último los más fuertes.

Queda probado que cuando los gobernantes quieren se puede, cuando todos queremos podemos¡¡¡ confiamos en la salida de todos sanos y salvos.

Posted in vida misma- | Tagged , , , , , | Leave a comment

UN MES EN EL INFIERNO¡¡ ANIMO

5th
Sep. × ’10

Poco podemos hacer quienes estamos lejos.  No obstante, soy de las que piensa que la  fuerza se transmite, independientemente donde estes.

Hoy hace un mes quedaron atrapados a 700mts de profundidad y siguen resistiendo. Las condiciones son dificiles, pero existe un factor decisivo “el instinto de supervivencia del ser humano” , como comenta Jason Kring, profesor asistente de factores humanos y sistemas en la Universidad Aeronáutica Embry-Riddle, en Daytona Beach, Florida, cuando se trata de enfrentarse a una situación así, la gente encuentra la salida. El instinto más básico es el de supervivencia.

Los elegios de la NASA, a las acciones implementadas por los técnicos chilenos nos producen tranquilidad. Chile esta demostrando que harán lo que este en sus manos para salvar esas vidas. Los 30º C y la falta de luz son factores preocupantes.

Por el momento, la preocupación principal de todos los involucrados debe ser brindar las mejores condiciones para que los 33 mantengan su estado de salud, luego podrán discutir si hacen o no una capilla en el lugar. Buen momento para que independientemente del credo que se profese, se pueda dar las gracias a un solo Dios, sin colores ni formas, infinito como es él.

Posted in Entre unos y otros | Tagged , , , , | Leave a comment

LOS 33

31st
Aug. × ’10

Son 33, estan atrapados desde el pasado 5 de agosto (6 de agosto fecha peninsular española). En unos días cumplen un mes aislados. Gracias a la tecnologia sabemos que se mantienen bien. Incluso la NASA ha mandado apoyo para poder apoyarlos en estas circunstancias basandose en que las condiciones que actualmente tienen los mineros en su refugio son similares a las condiciones de aislamiento que tienen que sufrir los astronautas en sus misiones espaciales.

El mundo entero se ha volcado con los chilenos, pues definitivamente que las condiciones que tienen que soportar son duras y más aún cuando sabes, de antemano, que tu estadia no será corta, calculan los expertos que pueden rescartarlos en un plazo de 3 meses que se dice poco.

Como controlar tu mente en dicha situación, como no decaer ante panorama tan drámatico. Como si fuera poco y a manera de guinda, ayer se registra un seismo de 4,7 en la región donde estan atrapados los mineros. Definitivamente que hay que mantenerse espiritual y fisicamente. Lo que aporten los expertos de la NASA será fundamental (no dudo que el gobierno de Chile ya habria puesto en marcha un operativo con sus médicos expertos de cara a mantener la forma física y mental de los atrapados), la ayuda externa fortalece el operativo nacional. Los buenos deseos del vaticano son un bálsamo, en tierras tan creyentes.

No obstante, debemos pedir por la fortaleza espiritual de cada uno de los 33. Esas 33 almas que al final del camino dependen de ellas mismas. De su fortaleza, de sus deseos, de sus mejores armas contra tan dura prueba. Son ellos mismos quienes deben sacar su fuerza interna y compartirla con los que tienen a su alrededor, para poder superar esta dura prueba.

Creemos en el ser humano y en las ganas de vivir. Estas duras pruebas sacan lo mejor del ser humano.

Que sirva de ejemplo para Panamá, que ahora quiere retomar este tipo de explotaciones en suelo istmeño. Realmente nuestro desarrollo esta ligado a este tipo de actividades?, ¿estan seguros?. Porque mejor no invertir en educación, en nuevas tecnologías cada vez más demandadas en el mapa internacional.

Sabemos  que las medidas de seguridad de la mina chilena eran deplorables, que incluso las condiciones habían sido denunciadas por el secretario del sindicato de trabajadores del yacimiento. Incluso en el mes de julio se solicitó al ministro  el cierre del yacimiento y como si fuera poco la empresa enfrentaba reiteradas denuncias por accidentes laborales.  Lo que ha pasado no debe sorprender cuando los gobiernos creen que crear empleo esta ligado a trabajo precario. Tenemos la legislación qué cuesta hacerla cumplir.

Posted in Entre unos y otros | Tagged , , , , , , | Leave a comment
  • GESTIONANDO ON LINE

    Este es un espacio donde tenemos derecho a conocer, a informarnos y a aprender. Donde por unos instantes, seamos capaces de comprender que una sola persona puede cambiar las cosas, solo si y solo si, se decide.
  • twitter

  • twitter